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jueves, 6 de abril de 2017

Nota de opinión: Los enormes y extraños efectos del coche eléctrico y autónomo sobre la sociedad

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Los enormes y extraños efectos del coche eléctrico y autónomo sobre la sociedad

El sector inmobiliario, el uso de las ciudades, las energías renovables y hasta las propias gasolineras cambiarán drásticamente si las revoluciones que prometen estos dos tipos de vehículos se cumplen algún día.

     por Jamie Condliffe | traducido por Teresa Woods

Los coches eléctricos son buenos para el planeta y los vehículos autónomos reducirán el número de accidentes en carretera. Eso lo sabemos. Pero, ¿de qué otras formas la sociedad se verá impactada por esta futura revolución del automóvil?

Primero, rebajemos las expectativas: sin incentivos regulatorios, parece que la adopción del coche eléctrico será lenta, y la primera oleada de coches autónomos podría resultar algo decepcionante. Y aunque los fabricantes automovilísticos y las empresas tecnológicas están embarcadas en una competición para reinventar el vehículo (haciendo que parezca algo inevitable) es probable que ambos tarden un tiempo en llegar.

Lo que no está tan claro es qué impacto tendrán. El socio de la empresa de capital riesgo de Silicon Valley (EEUU) Andreessen Horowitz Benedict Evans, que está muy familiarizado con los análisis de tendencias tecnológicas, ha publicado algunas ideas sobre lo que él denomina los efectos de segundo y tercer orden. Sus razonamientos describen un futuro muy distinto modelado por estas tecnologías.

Considere la electrificación. Deshacernos del motor de combusión interna será bueno para el planeta. Pero, como señala Evans, muchas cosas cambiarán cuando las infraestructuras asociadas a la gasolina desaparezcan: muchos talleres se quedarán sin trabajo, porque la mayoría de los servicios de mantenimiento están centrados en el motor. Y como las gasolineras ya no tendrán razón de ser, entonces, ¿qué pasará con las tiendas que contienen?

En cuanto a los coches autónomos, todas las empresas de esta naciente industria están ansiosas por defender que los vehículos autónomos sufrirán menos accidentes que los que son conducidos por humanos. Pero los beneficios de un coche que pueda conducirse solo no se limitan a transportar gente entre puntos A y B. Un coche autónomo también puede aparcarse solo en un lugar que resultaría un incordio para cualquier conductor humano y esperaría allí hasta recibir la orden de recoger a un nuevo pasajero. Eso significa que las enormes extensiones de terreno que actualmente se destinan a plazas de aparcamiento en el centro de las ciudades podrían reaprovecharse para otros usos, lo que podría revolucionar el sector inmobiliario.

Estos son tan solo un par de los ejemplos de Evans, pero hay muchos más. También describe impactos a gran escala para la industria eléctrica, ya que los sistemas domésticos de almacenaje solar para la recarga de coches pueden ayudar a resolver el problema de los picos de demanda. Por su parte, los coches autónomos serán capaces de viajar más deprisa incluso en condiciones de atascos lentos y transformarán el sector del transporte público al difuminar las fronteras entre coches, taxis y autobuses.

Pero lo que resulta realmente interesante es la combinación de estos efectos. En un país sin gasolineras ni aparcamientos en los centros de las ciudades, donde el transporte a demanda compite con transporte público y los accidentes de coche brillan por su ausencia, el paisaje urbano se verá redefinido. En Europa, la mayoría de las ciudades son anteriores a los coches, por lo que fueron diseñadas para ser recorridas a pie. La revolución del vehículo podría devolverles sus antiguas costumbres. Las ciudades estadounidenses, en cambio, han sido diseñadas en torno al coche. Eso significa que sus formas de uso podrían cambiar totalmente.

Si finalmente algunos de los escenarios planteados por Evans acaban produciéndose, la revolución de tecnologías automovilísticas tal vez no sólo transforme los coches que ocupamos sino también nuestro propio entorno.

*Jamie Condliffe
Editor asociado de noticias y comentarios para MIT Technology Review. Anteriormente trabajó en New Scientist y Gizmodo, tiene un doctorado en ciencias de ingeniería de la Universidad de Oxford.




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