Hacia un transporte público eléctrico masivo
La forma en que las personas se mueven importa en términos de conveniencia, pero también de salud humana y planetaria. A nivel mundial, el transporte representa aproximadamente un tercio de todas las emisiones que favorecen el calentamiento del planeta, con las emisiones del sector duplicadas desde 1990 en medio de una creciente sed de petróleo para alimentar más automóviles, aviones y barcos.
Dado que se espera que la demanda mundial de transporte de pasajeros casi se triplique para 2050, una expansión del transporte público eficiente y asequible es fundamental para ayudar a abordar la crisis climática y la contaminación tóxica del aire. La necesidad de un mejor transporte público también se ha visto subrayada por los recientes costos del combustible que han afectado a los conductores de automóviles en todo el mundo.
El sector del transporte es responsable de una gran parte de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) y de la contaminación del aire en las ciudades.
Emisiones de Gases de Efecto Invernadero: La combustión de combustibles fósiles genera CO₂, lo que acelera el cambio climático.
Contaminantes tóxicos: Los vehículos emiten monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NOx), óxidos de azufre y material particulado, los cuales dañan gravemente la calidad del aire y la salud respiratoria.
La dependencia de los automóviles impregna las regiones rurales del mundo, pero la mayoría de las principales ciudades son servidas por redes de transporte público que se extienden profundamente en los suburbios. A modo de ejemplo, en los últimos años, capitales densamente pobladas como Londres y París han tomado medidas para ponerse al día con sus similares como Copenhague, Ámsterdam y Viena, donde los automóviles representan menos de uno de cada cuatro viajes.
El resto del mundo ha entendido que es importante trasladar a mucha gente fácilmente a puestos de trabajo y otros lugares a los que necesitan ir. Pero Estados Unidos ha priorizado el desarrollo suburbano y la expansión de las carreteras, lo que acaba de inducir más conducción y ha producido un tráfico de asfixia.
Mientras que otros países avanzaban con el tren de alta velocidad, los Estados Unidos optaron por vincular las ciudades por autopistas y viajes aéreos.
Todo esto significa que las ciudades estadounidenses rompen un patrón visto en otras partes del mundo: cuando se expanden, no agregan nuevo transporte público, con trenes y autobuses que representan solo el 1,5% del total de viajes realizados en los Estados Unidos.
El transporte público en China es uno de los más avanzados del mundo. Se destaca por su gigantesca red de trenes de alta velocidad, sistemas de metro masivos, flotas de autobuses 100% eléctricos y la rápida expansión de vehículos autónomos.
El transporte público es la clave para reducir la contaminación urbana, ya que un solo vehículo de alta capacidad moviliza a decenas de personas y reduce drásticamente el espacio y las emisiones por pasajero en comparación con el uso del auto particular.
Los beneficios del transporte público significa optar por el transporte masivo que disminuye la huella de carbono y mejora el entorno urbano. Que trae como consecuencia directa una menor emisión per cápita, esto es, cambiar el auto por el transporte público puede reducir las emisiones de carbono de una persona en hasta 2,2 toneladas al año. Y por otro lado, optimización del espacio, un solo autobús o tren ocupa mucho menos espacio vial y transporta más personas que decenas de autos particulares, aliviando la congestión y las emisiones por tráfico detenido.
Dentro de este esquema, a continuación evaluamos la cantidad de buses en grandes centros urbanos y el camino que están recorriendo hacia la electrificación total.
En Latino América, tres ciudades concentran casi el 70% de la flota regional. El liderazgo está claramente dado por Santiago de Chile, San Pablo y Bogotá. Esto demuestra tanto el avance de estas metrópolis como la desigual velocidad de adopción en el resto del continente.
Chile, Colombia y Brasil marcan el ritmo por país. Si se observa la distribución por país, Chile lideró el mercado regional en 2025 con el 47% de la flota eléctrica de América latina y el Caribe. Le siguieron Colombia con 17% y Brasil con 16 %.
Dado que el transporte público representa un alto porcentaje de las emisiones urbanas, electrificar la flota pública representa un paso fundamental para modernizar las ciudades. A nivel local, ordenanzas recientes en ciudades como Rosario (Argentina) han abierto la puerta a la incorporación de vehículos 100% eléctricos a la flota de taxis, impulsando el ahorro y la sustentabilidad del servicio.
Superar los 10000 buses eléctricos no solo es un número redondo: representa una nueva etapa para América Latina. La región ya no aparece únicamente como como receptora de proyectos piloto, sino como un mercado real, con operaciones masivas, datos concretos y ciudades capaces de sostener flotas eléctricas de gran escala.
El desafío es pasar de los grandes casos emblemáticos a una transformación más distribuida. Si América Latina logra extender la electrificación a más sistemas urbanos, los 10000 buses eléctricos serán apenas el primer gran hito a una transformación mucho más profunda en el transporte público regional.
Ricardo Berizzo
Ingeniero Electricista 2026.-








